jueves, 1 de noviembre de 2012

Despenalización del uso de drogas desde un enfoque cultural





Carolina Mejía Martínez
En el tema de la despenalización o legalización del aborto convergen diferentes discursos. Dependiendo de la arista por donde parta su análisis encontraremos la complejidad implicada en entender éste tema.
Primero, es preciso definir que se entiende por droga (s) o en el mejor de los casos, identificar que drogas son consideradas ilegales y porque o quienes así las definen.
El diccionario María Moliner define a la droga como una “sustancia que se prepara y vende para cualquier finalidad: para usos industriales, para pintar, para limpiar, etc. Particularmente, cualquier sustancia natural o sintética que se emplea en *medicina; especialmente, las de acción enérgica y las que se emplean para aliviar el dolor.”
Su clasificación deriva en:   
Droga blanda o estupefaciente que no es adictivo o lo es en bajo grado; como el hachís o la marihuana.
La droga de diseño o droga sintética.
Y la d. dura o estupefaciente muy adictivo que puede causar trastornos graves; como la cocaína o la heroína.
Consideremos la ambivalencia de los términos empleados de “ilegal” o “legal” de las drogas (¿por qué? O ¿para quién? son legales o ilegales), cuando existen de manera natural o son creadas por el hombre para diversos usos. Savater (como retoma Pérez Calleja en su artículo Fernando Savater frente a la actualidad: ¿prohibido prohibir? O acerca de la despenalización frente al estado clínico.),  se identifica entonces en favor de la despenalización del uso de sustancias, pues argumenta sobre el carácter discursivo con que son utilizados los términos de despenalización o “legalización de las drogas”, aborto, y demás temas de problemática global; y propone como solución utópica (pero posible) la comercialización articulada de las mismas, pues mantener en ilegal o prohibir su uso y comercialización no supone una solución adecuada a los problemas (en el abuso de su consumo) ocasionados por las drogas. Más aún si la profundidad del asunto estriba en el consumo y las sensaciones placenteras individuales de quien elige ingerirlas, que se torna en problema cuando el actuar afecta a terceros. Es decir, que en el plano ético, Savater responsabiliza de sus actos al individuo (dimensión moral) que converge en un ambiente social dado, y sugiere: “las prohibiciones no salvan a nadie de sí mismo, sólo sirven para aumentar los riesgos y los precios” (F. Savater.2003)
La dimensión del tema en cuestión, recae significativamente e implica un gran cuestionamiento ¿dónde empieza la criminalización de las drogas?, o más claro: ¿dónde empieza el discurso moralizante sobre el uso o consumo de sustancias? Es entonces donde el plano de lo moral; lo médico; el tratamiento dado inadecuada o superficialmente, más que informativas de valor en los medios masivos de comunicación; narcotráfico y mercado; así como el papel del Estado y “sus” leyes, de acuerdo a cada nación; completan ésta discusión, que implica una valoración cultural de las sociedades.
El ejemplo de EU
En los años cincuentas y sesentas, en los Estados Unidos aparecieron informes sobre alucinógenos. En ese mismo periodo se elevo el consumo y el uso inapropiado de estas sustancias consideradas por la ley estadounidense en la categoría I, de las más restrictivas, en los años 70. Al ser declaradas como ilegales la línea de investigación sobre estas sustancias se paralizó. Roland R. Griffiths y Charles S. Grob, ambos profesores de psiquiatría y neurociencias en los EU, publicaron un artículo (en revista Investigación y Ciencia, julio de 2011) acerca del uso terapéutico de los alucinógenos específicamente la psilocibina (un alucinógeno clásico, como la psilocina, mescalina, DMT y LSD), también mencionan otros compuestos con potencial terapéutico como la ketamina, el MDMA (conocido como éxtasis), el saborín A y la ibogaína. El artículo menciona también que las investigaciones truncadas en los 70, sugerían que las drogas podrían ayudar a tratar a pacientes con diferentes alteraciones psiquiátricas. Las investigaciones recientes con psilocibina, de Griffiths y Grob, examinan la eficiencia de las drogas en el tratamiento de la ansiedad de enfermos terminales o como ayuda para superar adicciones. Los resultados son relatados por los pacientes tratados con leves dosis de spilocibina, que en general mencionan sus experiencias místicas que los hicieron realizar cambios de importancia en su vida.
Teniendo presente el enfoque cultural de la despenalización del uso de las drogas, Victoria Sánchez Antelo en su artículo Open 24hrs, consumo y drogas, en uno de sus planteamientos ubica el tema del placer del consumo, y menciona que es partir del tema del placer “donde se acoplan las estrategias de colonización de los tiempos para el incremento del consumo y las reivindicaciones descriminalizada” es decir que, atendiendo a lo placentero del consumo de sustancias se pueden determinar rutas de acción para guiar el consumo, así como diversificarlo o ampliarlo, y teniendo en cuenta lo que implica la redefinición moral del placer general y particular en cuanto a drogas se refiere. De lo que se trata entonces es de “normalizar” las prácticas que determinadas sociedades tienen como tabúes, para el caso, la legalización del consumo de drogas puede plasmar varios beneficios, médicos, personales y de mercado. Algo que los programas políticos actuales deberían tener en cuenta.
La autora es estudiante de la carrera de comunicación en la Universidad Madero campus Papaloapan.



No hay comentarios: