miércoles, 10 de octubre de 2007

Reflexiones

En la imagen, José Soto Martínez (Foto Carlos Valis/Nuevo Horizonte?


Soto y el clavo ardiente

Miguel Angel Vásquez

En una elección, como en el béisbol, todo termina hasta que cae el último out. En ese contexto, hasta el momento todo parece indicar que la advertencia hecha por José Soto en el sentido de impugnar la elección del domingo pasado no fue sólo un intento de salida airosa a su derrota ni un chantaje para ver qué le toca o la búsqueda de impunidad ante las denuncias en su contra sino una auténtica intención de limpiar la elección hasta llegar a la declaratoria de nulidad. Eso parece, hay que reiterarlo, hasta el momento.
Para entender la decisión de Soto Martínez hay que meterse tanto en su psicología como en el contexto político. En primer lugar, hay que entender que como dice el dicho: quien va cayendo se agarra hasta de un clavo ardiendo. En ese sentido, después de haber sido dirigente cañero (de derecho y de hecho durante más de 15 años), diputado local, diputado federal y el segundo hombre más poderoso de la central cañera a nivel nacional y luego de perder dos elecciones municipales, Soto Martínez se juega su última carta para sobrevivir política y quizás, sólo quizás, hasta financieramente.
Y es aquí donde se entremezclan psicología y política. José Soto ha sido un hombre acostumbrado a ganar de todas-todas. A la buena y a la mala, según sus detractores. La historia de su ascenso político y económico, al pasar de un simple cortador de caña a propietario de cientos de hectáreas de caña y dueño de al menos cinco gasolineras tan sólo en la región, hablan de un hombre acostumbrado no sólo a triunfar, sino a mandar y a jugarse el todo por el todo. Tan habituado está a mandar que para no tener que rendirle cuentas a nadie, Soto Martínez creó hace ya más de nueve años su propia organización dentro del PRI: El Comité de Desarrollo Social (Codeso) en el cual jamás se permitieron otros liderazgos, los disensos o las críticas. Así, tuvo que salir de esta organización el actual diputado electo, Jaime Aranda y otros, muchos más.
El caso es que ahora Soto vuelve a desafíar no únicamente a la maquinaria priísta de la cual formó parte, sino a quien la controla. Y es ahí donde la política embona con la psicología. De entrada el martes pasado las fracciones parlamentarias de Convergencia y el PRD a nivel federal y los senadores de los mismos partidos, uno de ellos seguramente próximo candidato a gobernador, le dieron su respaldo a todos los candidatos de convergencia que se dijeron robados en el estado. Y estos aparte de ser los de las dos ciudades más importantes en el estado, son quines ocuparon los segundos sitios en el número de votos: Humberto López Lena en Oaxaca y José Soto en Tuxtepec. De esa manera, Soto sabe que al menos mientras dura el litigio electoral si el gobierno intenta algo en su contra bien puede alegar cuestiones políticas detrás de ello. Como antecedente está el caso del mismísimo Gabino Cué, quien libró con facilidad las acusaciones en su contra cuando después de ser candidato a gobernador fue acusado penalmente de desvío de recursos.
De esa manera, si Soto Martínez realmente está decidido a echar abajo la elección, las causales sobran. Es más, lo haría con una mano en la cintura, aún tomando en cuenta la abyección del Tribunal Electoral del Estado, pues a la inelegibilidad del priísta pueden sumarse el claro rebase del tope electoral, el uso de recursos públicos, la intromisión del gobernador a favor de los candidatos del PRI y la compra del voto así como la intimidación de los electores. Así, el clavo ardiente de la impugnación puede salvar a Soto de caer al abismo de donde jamás saldría.
Consulte: elchaquiste.blogspot.com

No hay comentarios: